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THE SCREWFLY SOLUTION
La enfermedad que vino del sur
El cine político puede adoptar diversas formas. La más evidente sería aquella por la que se va directamente, sin ambages ni sutilezas de ningún tipo (v. g., Michael Moore o Ken Loach), al grano, al meollo de la cuestión. Este cine se dirige a un público concreto ya previamente adoctrinado que no opondrá resistencia alguna a la tesis mostrada. Existe otra forma en la que el dedo acusador, aun permaneciendo, se diluye en verdaderas obras de arte, en filmes hermosos donde los realizadores no renuncian a experimentar con los ingredientes audiovisuales (v. g., John Gianvito o Bruce Baillie). Pero, sin lugar a dudas y a todas luces, el cine político más efectivo es aquel que se camufla bajo el sayo del vecino ajeno, bajo la capa del más puro entretenimiento. Como las imágenes subliminales, este cine se sedimenta en la conciencia del espectador y provoca pequeñas sinapsis de células que no se habrían intercomunicado de ninguna otra forma (v. g., George A. Romero).
De siempre el cine de Joe Dante ha dado cobijo, a pesar de su ligereza aparente de contenidos, a formas alternativas de vida, a bichitos mecánicos que pretendían emular (o suplantar) a la civilización humana. Sin embargo, como las criaturas extraterrestres de Spielberg, estos se han transformado de seres benévolos a entes destructores. Y no sin razón. La emancipación del hombre conlleva el juicio sereno; ergo, la civilización terrícola debe desaparecer tras haberse constatado como la mayor plaga existente sobre el planeta. El método elegido para llevar a cabo la tarea resulta del todo racional en su adquisición de tintes políticos. Si en Homecoming (2005), se hablaba de un aquí y un ahora muy concretos de la reciente historia norteamericana, la guerra de Irak, con The Screwfly Solution (2006) la ambición es mayor dado que afecta a toda la humanidad. El virus extraterrestre provoca que la especie macho se vuelva completamente recelosa del sexo opuesto y se retrotraiga a un grado cero de la masculinidad que trascienda, empero, el instinto de reproducción: la mujer, tras ser utilizada como tal, ha de morir en tanto su nula validez.
Esa cercana distopía señalada por Antonio Negri y Michael Hardt[1] a raíz de los escritos de Judith Butler donde los roles sexuales y genéricos desaparecen es contestada de forma violenta a día de hoy por comportamientos reaccionarios de la población que no saben de fronteras, desde los países pobres hasta las mayores potencias: desde el uxoricidio de la India o China (perpetrado muchas veces por las mismas mujeres que prefieren la muerte a que sus hijas corran igual suerte que ellas) o el cambio de sexo obligatorio para hombres homosexuales en países árabes hasta el goteo constante de mujeres asesinadas por sus parejas sentimentales en Occidente. Este estado de las cosas es, pues, la base sobre la que se asienta el telefilme de Joe Dante.
Ya en The Greibble (1986), perteneciente a Cuentos asombrosos (Amazing Stories, 1985-1987), el realizador se salía del guion estándar de los capítulos de la serie al tomar como protagonista no al típico adolescente sino a un ama de casa que se quedaba sola en su hogar. Lo que sucedía es que la histeria femenina la hacía percibir elementos extraños que terminaban por apropiarse de su custodiado entorno doméstico. Entonces, como en Gremlins (1984), en la intimidad del hogar y fuera de los ojos masculinos que la sentenciarían como loca, se convertía en amazona, en guerrera. La histeria era vencida por el autocontrol. En The Greibble un buen vecino (el ubicuo secundario Dick Miller) terminaba por salir corriendo de la residencia de la señora Simmons al ser alertado por esta de que había visto “a un monstruo de color lila en su cocina”… Esa atención por el detalle, la curiosidad hacia la mujer (¿qué será de ella mientras la familia permanece todo el día fuera?), se alzaba como leve apunte político en un contexto cinematográfico de supuesta evasión para jovencitos.
Alicias y Caperucitas, otros personajes femeninos, pululan por el imaginario dantiano: ingenuas pero, por ello mismo, dotadas de fortaleza debido a su no saber se adentran en el terreno del inconsciente. De lila también iba la protagonista de Aullidos (The Howling, 1981) en aras del sacrificio ejemplarizante. La maestra del segmento 3 del largometraje En los límites de la realidad (Twilight Zone: The Movie, 1983) actuaba como una Alicia crecida y educada que conseguía empatizar con un extraño niño con poderes. En The Screwfly Solution una mujer plenamente madura y altamente cualificada se mete ella sola en la boca del lobo, en un enjambre de zánganos que canalizan su sexualidad a través de la violencia. Con ella muere otra de las figuras predilectas de Dante, la del mad doctor. Más allá del genial uso del actor Kevin McCarthy todavía con la paranoia de las vainas metida en el cuerpo (por ejemplo, en Piraña [Piranaha, 1978]), el cineasta multiplica aquí en dos el arquetipo base de la ciencia ficción a través de una dupla genérica: la experta en humanismo y el experto en biología. La sabiduría, siguiendo un ideal platónico, es paralela a la bondad. Los doctores lunáticos y solitarios terminan por entregar sus conocimientos y su propio cuerpo a favor de la humanidad. Los sabios estarán abocados siempre al fracaso por la incomprensión brutal de la muchedumbre, a la manera clásica de Pedro y el lobo.
A falta de la troupe de actores-fetiche (Dick Miller, Robert Picardo, Henry Gibson, Kevin McCarthy o Bruce Dern), Dante echa mano de Elliot Gould, encarnando a ese científico desfasado que ya nadie necesita. Se salta la generación de los ochenta, para sumergirse de lleno en la de los setenta de la mano de Robert Altman. En el trayecto la persona de Gould ha adoptado el porte de venerable anciano simpático con un leve punto cínico. El efecto nostalgia actual que existe por el mismo género fantástico-juvenil de hace unas décadas es utilizado de esta forma por el propio Dante. En el capítulo de CSI-Nueva York (CSI: NY, 2004-), Boo (2007), dirigido por él se puede oír asimismo la banda sonora de Cazafantasmas (Ghost Busters, 1984), mientras que en el realizado para la serie Hawái 5.0 (Hawaii Five-0, 2010-), Ka Iwi Kapu (2011), tiene un papel protagónico un psicótico Robert Englund. Dante se sabe perteneciente a una generación y un imaginario cronológicos.
Como en Piraña, el primer foco de enfermedad se halla en el sur. El fundamentalismo cristiano coincide en una línea recta con el musulmán y propicia la salida a la luz del virus agazapado. Los fervores religiosos, al igual que el calor, son focos de infección. De ahí se propagarán hacia el norte. La huida desesperada de la última mujer se torna vertical, pero no acaba en Alaska, sino en Canadá, en la Columbia Británica. Este país progresista y multicultural, reducido a un único paisaje, termina igualmente por ser invadido por un movimiento conservador. Algunos cazadores de la zona tienen como fetiche monederos hechos con pechos de mujer. Resulta curioso cómo se aúnan en este objeto la tradición prehistórica de retratos de figuras femeninas con el mito plenamente norteamericano del psicópata que colecciona reliquias de los cuerpos de sus víctimas. Todavía sin llegar a un acuerdo sobre si las primeras Venus de piedra representaban a la fertilidad o se trataban de meros juguetes eróticos, el fetiche-monedero propiedad del tendero canadiense invierte la representación sublime de la feminidad reconvertida en esencia del mal descendiente de Eva y en trofeo de caza canalizador de la sexualidad vía la agresividad.
En cuanto a la parte estética, existe un plano recurrente en la filmografía de Joe Dante, aquel que muestra a un monitor en estado de nieve, sin recepción de señal. El carácter metalingüístico se une a la idea de exposición continua. El director de Exploradores (Explorers, 1985) que luego sería homenajeado en Súper 8 (Super 8, 2011) dentro de una tendencia peterpanesca de treintañeros nostálgicos pertenecía él mismo a otra generación cinéfila. La tan siempre reverenciada y citada ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946) por Dante comenzaba asimismo con una proyección expuesta hacia el cielo manejada por unos ángeles. Así, la vida de George Bailey admitía el still frame y facilitaba el comentario teórico. Para el cineasta de Nueva Jersey el fin de la civilización solo puede corresponderse con el cese de emisión de imágenes. Además de la película en sí la pantalla refleja y captura un estado de las cosas. Pero ahora los portavoces de los designios supremos, a diferencia del filme de Capra, se muestran mudos ante su drástica decisión. Mas, aun en la nada, en esa ausencia, se puede percibir cierta presencia, como en el cortometraje Pneuma (1977-1983) de Nathaniel Dorsky: la vida mecánica abandonada por el humano delata una causa u origen. En su devenir, los puntitos del monitor reclaman atención por ser, por constituirse.
Otra marca de la casa es la multiplicación de pantallas. Detrás de una figura en relieve permanece un monitor encendido que roba protagonismo al personaje en primer plano y a través del cual se nos ofrece información complementaria. Dicha técnica de relieves yuxtapuestos nos avisa en esta ocasión de la gravedad del asunto, de las coordenadas lógicas de la epidemia (una línea recta que atraviesa el centro de la Tierra). Como en la pintura clásica (en el caso del cine ya nos habló Bazin con respecto a William Wyler), tan importante es la superficie como el fondo. En una de las matanzas epifánicas de un sacerdote en plena sesión mística, percibimos, en la huida de la última mujer y del último hombre sabio, cómo unas cunas de recién nacidos se hallan manchadas de sangre detrás de ellos; no necesitamos asistir al atroz crimen para saber que las bebés niña han sido también asesinadas.
The Screwfly Solution se compone de aquellos detalles de los cuentos que luego fueron higiénicamente eliminados en virtud de la corrección política. Dante pertenece, a fin de cuentas, a la tradición narrativa de Hollywood o, más en concreto, a la vertiente fabulística. Sus relatos son cuentos muchas veces protagonizados por niños, adolescentes o jóvenes inmaduros que conviven con el hecho de crecer a través de un aprendizaje fantástico. Mas sus historias son a menudo caóticas, repletas de acontecimientos y absurdas como la novela de Alicia en el país de las maravillas o los cartoons de la Warner. En otras ocasiones sus películas adoptan el carácter paródico y sirven de espejo deformante del país de las que nacieron, Estados Unidos. En esa doble vertiente Dante arma fábulas morales y, como los viejos cuentos, sus filmes terminan con advertencias finales y sabios consejos, como el “No trespassing” del inicio de Piraña: “No pasar”, “no”.
Mónica M. Marinero
[1] Antonio Negri y Michael Hardt, Commonwealth. El proyecto de una revolución del común, Madrid, Akal, 2011.
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