Je vous présente un revenant : Alain Leroy

 

Maurice Ronet es Alain, un fuego fatuo.

Un hombre que se diluyó en alcohol.

Sobria, transparente, la vida se vuelve insoportable. Solo desea morir.

 

1. Lent et douloureux

Alain ya está muerto cuando el film comienza. Comienza con unos títulos de crédito finales y acaba con un fundido a negro. Es un flashback encubierto.

Alain se siente anacrónico, fuera de tiempo; camina ligero, las manos en los bolsillos. La ciudad se refleja en los escaparates mientras el tiempo vuela ingrávido.

Está desencantado con el presente, con la moral social, con la madurez.

Incapaz de sentir e incapaz de amar; su mirada vacía atraviesa las personas y los objetos. Ha perdido el deseo.

El fuego fatuo es un film existencial que ataca a su protagonista con toda su técnica y lenguaje; el cine se convierte en un arte atroz, en un arma para inducir la agonía.

A Alain la vida se le escapa; el montaje le corta el paso. Elipsis continuas le impiden permanecer demasiado tiempo en un espacio, le impiden ser en un espacio.

El sonido sincronizado, no directo, disuelve el presente de la imagen, que suena como una memoria.

Y la imagen se desvanece porque Alain se desvanece. Las transiciones abandonan su función estética o temporal para manifestar un estado del espíritu. 

 

 

Me ocurre algo extraño con este texto; me revuelve el ánimo, me inquieta.

...

 

2. Lent et triste

Malle escogió a Erik Satie para ilustrar lo inaprensible.

Escucho sus Gymnopédies mientras escribo;

para contagiarme de desencanto, para convertirme en un fuego fatuo.

En la película la música es como un golpe. Irrumpe o se detiene antes de que las escenas comiencen o terminen.

Una melodía que sube y baja.

No. Que sube o baja. Y se detiene en un intermedio imposible, sin llegar arriba, sin quedarse en el fondo.

Sobre las teclas escurridizas las notas suenan de tres en tres. La mano, enferma, c­ae pesada sobre el piano. 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mañana me mato”

Una fecha en el espejo le recuerda cada día el día de su muerte.

En sus últimas horas Alain es opaco.

Su imagen, una mancha turbia. 

 

3. Lent et grave (1)

En la soledad de su habitación el recuerdo del alcohol impregna todos los objetos. Como un animal inquieto, todo lo toca, todo lo mueve, el tiempo no acaba nunca.

Prepara su viaje. Mañana me mato, ha dicho. Escoge sus camisas sus zapatos su corbata. Se afeita. En la pared, Marilyn Monroe observa la escena.

Tiene la pistola en sus manos; la acaricia como a una mujer, como acariciaba hace un rato a su amante.

Con la que no sentía nada.

La hunde en el rostro. La desea. “La vida…”-le dice-, “conmigo no transcurre lo bastante deprisa. Así que la acelero, la redirijo”. Contempla el arma abstraído…

Un alboroto en la calle interrumpe su fantasía. A alguien se le ha estropeado el motor.

Desde la ventana, su mirada no es la de un vecino curioso; Alain mira a la calle como un suicida. Pega el rostro al cristal buscando sentir el frío, o sentir simplemente.

Está dentro y está fuera, parece caminar sobre una cornisa.

Recuerdo a Orfeo ante las puertas del infierno. Ambos están a punto de dejar un mundo y entrar en otro.

 

Arriba, El fuego fatuo (Louis Malle, 1963) y abajo, Orfeo (Jean Cocteau, 1950)

 

 

Satie me angustia. Como si me faltase el aire.

Como Alain, él también parece decir “No puedo tocar, no puedo agarrar”.

Alain se pega un tiro.

En el último plano, los roles de la cámara y del espejo se invierten:

 

 

Muerto Alain, pasa al otro lado. Su reflejo difuso se vuelve nítido por fin, y allí donde aparecía la fecha de su muerte se lee ahora su demoledora nota de suicidio

(2).

Pero Alain ya estaba muerto cuando el film comienza.

  



Andrea Franco

 

 

 

1.  Lent et douloureux; Lent et triste; Lent et grave : Así dejó escrito Satie que debían interpretarse las Gymnopédies 1, 2 y 3, respectivamente.

2. “Me mato porque no me amasteis, porque no os amé. Me mato porque nuestras relaciones fueron superficiales, para estrechar nuestras relaciones. Dejaré

sobre vosotros una mancha indeleble”.